La convergencia de los medios en la era digital

Según Carlos Scolari, si antes se hablaba de interactividad, hoy se habla de convergencia. Este término, según la Real Academia de la Lengua Española, significa: dirigirse dos o más líneas para unirse en un punto o concurrir dos o más personas al mismo fin de dictámenes, opiniones e ideas.

Se trata de un término que se ha venido utilizando desde mediados de la década de los ochenta para aludir a una variedad de asuntos relacionados con la transformación tecnológica, introducida por la digitalización en el desarrollo de las telecomunicaciones.

La convergencia puede entenderse desde espacios muy diferentes: en el ámbito cultural, tecnológico, empresarial, en los contenidos, en los usuarios y, por supuesto, en los profesionales de los medios de comunicación.

Es un hecho que, con la llegada de las tecnologías de la información y la comunicación, y con el creciente fenómeno de la cultura en red, en donde las personas están interconectadas mediante diversas plataformas, la producción de contenidos narrativos de las compañías mediáticas ha cambiado.

En este panorama mediático, Jenkins propone que  la convergencia hace referencia al “flujo de contenido a través de múltiples plataformas mediáticas, la cooperación entre múltiples industrias mediáticas y el comportamiento migratorio de las audiencias mediáticas, dispuestas a ir casi a cualquier parte en busca de todo tipo de experiencias de entretenimiento”.


Convergencia, continúa el autor de Convergence Culture, es una palabra que logra describir los cambios tecnológicos, industriales, culturales y sociales.


Para el doctor en Estudios de la Comunicación de la Universidad Carlos III de Madrid, Juan Pablo Molina Cañabate, la convergencia mediática es “el estado en el que se desenvuelve el nuevo productor-consumidor de información, que acrisola las historias que le llegan desde distintos medios de forma casi instantánea”. Según el investigador, la convergencia plantea que “gracias a los social media y nuevas forma de producción cultural, un productor-consumidor de información puede participar de ese proceso, bien siendo altavoz, correa de transmisión o caja de resonancia del fenómeno, o bien cocreando la historia”.

Así mismo, como postula el Doctor en Comunicación de la Universidad de Navarra, José A. García Aviléz, en la revista Signo y Pensamiento, sobre la convergencia en los medios de comunicación periodísticos:

La convergencia tiene que ver con un proceso multidimensional que, facilitado por la implantación generalizada de las tecnologías digitales de telecomunicación, afecta al ámbito tecnológico, empresarial, profesional y editorial de los medios de comunicación, propiciando una integración de herramientas, espacios, métodos de trabajo y lenguajes anteriormente disgregados, de forma que los periodistas elaboran contenidos que se distribuyen a través de múltiples plataformas, mediante los lenguajes propios de cada una”.

Ahora bien, como se ha visto, la convergencia se da especialmente por la interacción de los usuarios y por el rol que ahora desempeñan en la era contemporánea. Este término, dice Jenkins, no tiene lugar mediante aparatos mediáticos necesariamente, por sofisticados que éstos puedan llegar a ser. La convergencia se produce en los consumidores individuales y mediante sus interacciones sociales con otros.

“Cada uno de nosotros construye su propia mitología personal a partir de fragmentos de información extraídos del flujo mediático y transformados en recursos mediante los cuales conferimos sentido a nuestra vida cotidiana”, afirma el académico norteamericano.


De allí que los usuarios adopten nuevos hábitos en el consumo de los distintos medios y accedan indistintamente a contenidos a través de Internet, dispositivos móviles y televisión digital.


“Como puede verse, la convergencia es tanto un proceso corporativo de arriba abajo como un proceso de abajo arriba dirigido por los consumidores. La convergencia corporativa coexiste con la convergencia popular. Las empresas mediáticas están aprendiendo a acelerar el flujo de contenidos mediáticos a través de los canales de distribución para multiplicar las oportunidades de ingresos, expandir los mercados y reforzar los compromisos de los espectadores. Los consumidores están aprendiendo a emplear estas diferentes tecnologías mediáticas para controlar mejor el flujo de los medios y para interaccionar con otros consumidores. Las promesas de este nuevo entorno mediático suscitan expectativas de un flujo más libre de ideas y contenidos. Inspirados por esos ideales, los consumidores luchan por el derecho a participar más plenamente en su cultura”.

A pesar de esto, la convergencia mediática no necesariamente es exitosa en la práctica. Muchas empresas de entretenimiento y medios de comunicación aún no encuentran formas seguras de lograr la integración de múltiples plataformas, canales y usuarios, debido a que las exigencias en cuanto a cooperación, especialidad tecnológica y licencias creativas son altas. Aunque la audiencia está preparada y la infraestructura está lista, las empresas todavía encuentran obstáculos a la hora de expandir sus franquicias a medios que no dominan, lo cual genera incertidumbre.

Otro de los desafíos que enfrentan las empresas mediáticas en cuanto a convergencia, como se explica en el artículo La comunicación ante la convergencia digital, es que los cambios de gustos y tendencias en las audiencias son cada vez más volátiles y responden a un interés naciente o renovado por algo distinto. Según García Avilés, no basta con acertar con los gustos de los espectadores, sino ser capaces de prever dichos cambios con una antelación suficiente. Ello genera una competencia voraz por la atención del público. Y no solo eso, sino que: “La multiplicidad de plataformas ha aumentado la fragmentación de la audiencia, que cada vez se vuelve más dispersa y se desdobla en nichos especializados. Dicha fragmentación puede acarrear una disgregación de los principios y valores que vertebran las comunidades nacionales, aunque, también, propicia una mayor autonomía y diversidad cultural”.

A pesar de esto, la convergencia mediática y la transformación digital han cambiado —y siguen cambiando— la forma como las industrias y los usuarios se relacionan. Es tarea de los nuevos actores de la comunicación brindar los mecanismos para que se fortalezcan estas falencias.

En este contexto, en el que los usuarios están siendo partícipes de las nuevas formas de producción de experiencias en diferentes medios, gracias al inmenso ecosistema digital, resulta importante analizar las formas como se presenta una narración y de qué manera se ubica el mensaje bajo una posición bien definida para acercarla a los usuarios. Lo anterior se conoce como Storytelling y da pistas para esclarecer cómo los medios producen convergencias para contar sus historias.

Este artículo hace parte del libro: Narrativas Transmedia a partir de libros de ficción y no ficción: una guía para construir proyectos multiplataforma, escrito por Harold Cortés.

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