Paro nacional: la teoría del pánico y el poder de las redes sociales | Podcast

Ponte los audífonos, estas a punto de escuchar un nuevo episodio del Podcast de Libreta Negra.

Escucha y suscríbete a este podcast desde tu celular:
En Spotify | En Spreaker | En Apple Podcast | En Google Podcast


Colombia vivió una jornada de intensas protestas desde el jueves a primeras horas de la mañana. En medios se pudo ver cómo manifestantes salieron a las calles para protestar en contra del Gobierno de Iván Duque.

Durante varias horas las marchas fueron pacíficas, pero hacia las horas de la tarde del jueves 21 de noviembre, la situación se salió de control en distintas partes de Colombia.

En Cali, capital del Valle del Cauca, decenas de encapuchados arremetieron contra los establecimientos públicos de la ciudad: rompieron vidrios de estaciones de transporte, saquearon supermercados, utilizaron bombas aturdidoras contra la fuerza pública, lo que llevó al alcalde de Cali, Maurice Armitage, a decretar el toque de queda desde las 7 de la noche por un lapso de 24 horas.

Al día siguiente, viernes 22  de noviembre, el descontento generalizado se expandió por las calles como un rio revuelto. Marchantes volvieron a salir a las calles de la capital de Colombia para, en esta ocasión, bloquear las vías principales, destruir estaciones de transporte público y, en algunos casos puntales, saquear centros de comercio.

Yo me encontraba en la redacción escribiendo sobre todo esto, y mientras en el medio difundíamos noticias de las bondades y aspectos positivos de las marchas, como por ejemplo los gestos de solidaridad de las personas para con los integrantes de la Policía, la situación en las calles iba empeorando.

Sabíamos en la redacción que en algún momento la situación se iba a salir de control, y que lo que fue una jornada de protestas pacíficas terminaría opacado por el caos social.

El toque de queda fue el punto de inicio de una noche de zozobra en toda la ciudad. A eso de las 6 de la tarde salí de la redacción y me dirigí a casa. Las calles estaban abarrotadas de personas que intentaban llegar a sus casas antes de las 9 de la noche.

Mientras recorría las frías calles bogotanas, escuché en la radio que el partido de tenis que se disputaría en el Movistar Arena, en el que iba a jugar Roger Federer, había sido cancelado, dejando a los asistentes con un mar de dudas sobre el millón 500 mil pesos que pagaron para ver la actuación deportiva.

Cuando llegué a casa, me contacté de inmediato con mis compañeros de redacción, muchos de ellos empezaban a sufrir un pánico, que se había hecho viral en redes sociales: “se están metiendo a mi unidad”.

Revisé varios chats, estaciones de radio y perfiles de Facebook y la situación era la misma: al parecer, en las millones de casas que hay en Bogotá, delincuentes intentaban entrar para saquearlo todo.

Eran las 9 de la noche cuando un vecino tocó a mi puerta. “se están metiendo a las casas, los vándalos vienen a dos cuadras”, me dijo.

Y de inmediato salió corriendo hacia un callejón oscuro, con palos en ambas manos, en pantaloneta y chancletas. Mi esposa entró tenía miedo, me dijo que había escuchado disparos, me insistió que no saliera de casa, pero decidí hacerlo.

Vi a varios vecinos haciendo guardia, con linternas, palos y armas blancas, lo mismo sucedía en cientos de casas en la capital. Cuál era el informe en los medios y las redes sociales: pánico colectivo. Más de 7 mil militares y 4 mil policías rondando la ciudad mientras los ciudadanos transformaban el miedo en coraje.

Justo cuando me preparaba para lo peor, leí un mensaje que llegó a mi Whats App, la supuesta estrategia del pánico moral, organizada aparentemente por los mismos opositores de las marchas, para desviar la atención del público.

Un medio digital publicó un artículo llamado ‘Estado colombiano aparentemente envuelto en una campaña de terror orquestada en contra de los ciudadanos’, en el que se reúnen varios videos ciudadanos que muestran el accionar de la policía en las calles de la capital.

La pregunta en la mente de las personas era: “¿a dónde quedaron las marchas pacíficas?”. Al parecer el vandalismo y el horror le dio un giro inesperado a la situación: estábamos frente a un escenario adverso, las razones del paro del 21 de noviembre eran periódico de ayer.

Esto dijo el acalde de Bogotá, Enrique Peñalosa, sobre el pánico generalizado.

Desenredar los hilos de las estrategias de manipulación social no es fácil. Entender cómo operan el mecanismo de control de masas requiere habilidades históricas y políticas.

Este escritor destacado en criminología, fue conocido por acuñar el término «pánico moral» en un estudio de 1972, llamado Folk Devils and Moral Panics, con el cual se refirió a la reacción social frente a los Mods and Rockers, fenómeno de la década de los 1960.

Ese libro, considerado por criminólogos británicos como el trabajo más influyente en ese campo en los últimos cuarenta años, sugiere que los medios de comunicación “sobredimensionaron un aspecto del comportamiento que puede ser entendido como un desafío a las normas sociales existentes”.

Lo interesante de esto es que la respuesta de los medios y la representación de tal comportamiento, en realidad ayudaron a definirlo, comunicarlo y retratarlo como un modelo a ser observado y adoptado por los demás.

En su intento por informar, los medios de comunicación no se detienen a pensar sobre las consecuencias de sus informaciones sobre el estado anímico de las personas.

Y en épocas de redes sociales, no solo los medios se encargan de difundir este pánico entre las personas, sino que los mismos ciudadanos terminan siendo objetos de este temor colectivo.

Pero el pánico moral no es nada nuevo. Desde hace más de un siglo se viene utilizando en distintas culturas.

Ustedes recuerdan la famosa época de la “caza de brujas”, ese fenómeno generalizado que ocurrió en Europa Central a inicios de la Edad Moderna.

Y que fue la base para la persecución masiva de mujeres, muchas de ellas con habilidades científicas, intelectuales y políticas resaltables, por parte de la Iglesia católica y sobre todo por la justicia civil. Era una idea extendida entre teólogos y juristas, de una conspiración del Demonio para acabar con la Cristiandad.

Sin el ánimo de entrar en controversias estériles y poco provechosas, El paro nacional del 21 de noviembre en Colombia tuvo ciertas manifestaciones de pánico moral infundido.

Desde antes de que iniciara, mandatarios ya estaban advirtiendo de vandalismos, saqueos, robos y desmanes.

El mensaje del Gobierno, semanas antes de las manifestaciones, fue de no permitir un eventual caos social. Como lo sabrán ya, la gente salió a marchar temiendo lo peor, sabiendo que en cualquier momento el país podría colapsar.

La teoría del pánico funcionó en muchas épocas de la humanidad para desviar la atención de la sociedad. Es una forma muy sofisticada de voltear la cara de la moneda y enfocar la atención de las personas hacia otro punto.

Al final de la jornada ¿qué imaginario nos queda en la mente sobre las marchas? ¿Vale la pena salir a las calles a protestar o es mejor regular la protesta social a futuro para evitar desmanes?

Varios senadores colombianos, entre ellos Roy Barreras e Iván Cepeda, denunciaron esta extraña escena vivida en Bogotá este viernes.

En un trino publicado hacia las 9:30 de la noche, el Barreras dijo que “hay una estrategia estatal para generar pánico y reemplazar clamor de cambio por clamor por reprensión”.

Los hechos ocurridos en Colombia fueron históricos. Desde hace más de 40 años no se presentaba una protesta tan masiva en contra de un Gobierno y un toque de queda.

Quedan varios protagonistas en la jornada: por un lado los vándalos y por otro la Fuerza Pública, y ¿la protesta pacífica?

Esta jornada deja una lección: el poder de las redes sociales y cómo han cambiado la manera de relacionarnos e informarnos. De allí el impacto de las protestas en Latinoamerica, Hong Kong y países del medio oriente.

Déjenme sus comentarios y opiniones en el WhatsApp 3185631756 o síganme en mis redes sociales como @HaroldStCortes.

2 comentarios en “Paro nacional: la teoría del pánico y el poder de las redes sociales | Podcast

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .