Pequeños gigantes de la paz | Crónica

Juana, Edith y Steeverth son tres gestores de paz que se han ido convirtiendo en un ejemplo para la ciudad de Cali. Los tres recorrieron los caminos que nadie debió recorrer en el país y hoy sueñan en grande.

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No.

No ha sido fácil para ninguno de ellos lidiar con los fantasmas de la guerra. Los protagonistas de esta historia llegan al mismo punto: empezar una nueva vida en la ciudad, bajo la sombrilla de la paz. Toda una suerte. Todo un desafío.

Un resumen diría lo que sigue: que Juana, cuyo nombre real es ocultado por su seguridad, nació en Itaguí, Antioquia, a cuatrocientos nueve kilómetros de Cali, mayor de siete hermanos y que después de iniciarse desde niña en trabajos brutos —recolectar café, cargar bultos— fue abusada sexualmente por paramilitares y a los 15 años se enlistó en una guerrilla comunista. Que vivió en carne propia una guerra ajena, sintió deseos de vengarse, mató, corrió, lloró y tras ocho años en la selva, logró escapar.

Diría también que Edith Tobón, madre de tres hijos, tres desplazamientos, vivió su primera guerra a los 5 años en Siolé, Cali; que en 1997 un grupo armado entró a su finca en la madrugada, tomaron a su esposo y lo desmembraron con una motosierra; que en el 2002, en otra guerra, le pagó a un transportador para que la sacara de San Antonio, sur del Tolima, con sus dos hijos, viajó en medio de los marranos nueve horas y llegó a Cali.

Y además diría que Steeverth Fawcett, un joven caleño asentado en las laderas de la ciudad, veintitantos años, amante del fútbol, dejó las pandillas, el robo, la droga, para construir paz, soñar, pensar en grande.

Lo cierto es que los tres comparten el mismo objetivo: una apuesta de la Secretaría de Paz y Cultura Ciudadana de la Alcaldía de Cali para la generación de oportunidades de ingreso, de formación para el trabajo y de fortalecimiento de la cultura ciudadana, a través de la labor de 500 personas, entre jóvenes ex integrante de pandillas, víctimas del conflicto armado y desmovilizados en proceso de reintegración a la legalidad.

Allí, Juana, Edith y Steeverth, dijeron adiós a su pasado. Allí recuperan el tiempo perdido en las dinámicas de la guerra y la violencia, mientras amplían sus oportunidades socioeconómicas, contribuyen al desarrollo humano y social, desde la prevención de la violencia y la reconciliación entre población vulnerable, desmovilizadas, jóvenes en proceso de resocialización y líderes sociales en contextos de violencia.

“Llegar a la ciudad nunca va a ser fácil para las personas que llevan tanto tiempo en la selva”, dice Juana, en un salón de clases en donde imparte un taller de reconstrucción de paz para un grupo de barristas del Deportivo Cali. “Uno está expuesto a estigmatización, falta de oportunidades. Es muy difícil. Lo que tú viviste siempre lo vas a tener presente; es una decisión que vos tomás: o te quedás en el pasado o decidís seguir adelante”. Juana decidió seguir.

Para ser Gestores de Paz y Cultura Ciudadana, cada uno ha sido parte de una estrategia de intervención de 18 meses que comprende: un plan formativo, que desarrolla un ejercicio de aprendizaje de  nuevos conocimientos, actitudes y comportamientos asociados a una sana convivencia; un acompañamiento psicosocial, que ayuda al gestor a desarrollar capacidades de superación de una situación de vulnerabilidad; y retribución a la ciudad.

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Teniendo a sus espaldas la realidad de más de ciento ochenta y nueve mil víctimas del conflicto armado que son residentes en la ciudad de Cali, la secretaria de Paz y Cultura Ciudadana de la Alcaldía de Cali, Rocío Gutierez, lo pone en estas palabras: “el desarrollo de las funciones de los gestores apunta a disminuir la estigmatización que reciben ciertos grupos. El objetivo es demostrarles a los caleños que ellos son agentes activos, útiles en la transformación y el mejoramiento de las condiciones de calidad de vida de todos los habitantes”.

El impacto del proyecto en el 2017 deja en evidencia lo que Juana, Edith y Steeverth—junto a otros 497 gestores— prefieren llamar su sueño cumplido: 144 jornadas de retribución social en distintos barrios y eventos de la ciudad, promoviendo acciones pedagógicas en eventos de ciudad como el Petronio Álvarez, el Festival Mundial de Salsa, la Feria del Libro, el Mercatón, la Cumbre Alianza del Pacífico, además de la campaña ‘El fútbol en Cali es una fiesta en paz’. 27 gestores han sido formados para ser observadores de Paz dentro del Observatorio de Paz y Cultura Ciudadana. 23 gestores son asesores de servicio de Metrocali.

Sin mencionar las acciones pedagógicas en función de la preservación del agua y el medio ambiente o la aparición de algunos de ellos en sectores clave de la ciudad para mejorar la percepción de seguridad o las charlas sobre resolución de conflictos y ese largo etcétera que acaba en una sonrisa de satisfacción al final de la jornada: esa suerte y ese desafío de convertirse en pequeños gigantes de paz.

Datos generales

  • 36% de los gestores son jóvenes en condición de alto riesgo (ex pandilleros).
  • El 37% son víctimas del conflicto armado.
  • El 6% son desmovilizados en proceso de reintegración.
  • El 45% son afrocolombianos.
  • El 75% tiene entre 18 y 35 años.
  • El programa tiene una duración de 18 meses, inició en abril del 2017.

 

Esta crónica fue publicada en SEMANA RURAL EDICIÓN No. 11, de Febrero del 2018.

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