El nombre del fuego | Poema

A Diana

 Sí. Ese fuego es tu pecho encendido.
Ese fuego es palma de mano sedienta,
tu boca, donde un borde escarlata me estremece.
Ese fuego es cáliz por donde se resbala el día;
dos ojos dulces o luna de sangre.

En durísima cama como labio que no besa,
tendida sobre el arroyo puro, tu lengua amante
da nombre a las sombras, tranquila, como quien
iluminar el cielo procura en susurro.

¡Oh fuego! ¡Oh mundo así dorado!
Oh vientre que albergar la vida quiere,
ese hueco hermoso en risa nocturna:
luz de estos pájaros tristes como un eco apagado.

Sí. Ese fuego es tu nombre.
Ese fuego, tus palabras que a morir
fueron en las tardes, pétalos
de margarita tatuados en los ojos o
sol que besar los labios no sabe, sueña.

Sí. Ese fuego es cuerpo, fantasía, voluntad,
bella lágrima como amor de nácar o mar
que a los pies cansados besa. Arena, espuma,
crepúsculo dormido en los límites del universo.

Yo mismo, sí, yo y no otro.
Yo, corazón como hoja seca que recoge sus venas,
escribo tu nombre para que ese fuego me consuma.
Pero no como un estallido en la piel de los cielos.
No. No como último gesto de la noche.
Como sonido final de una llave que se cierra: sí,
como el nombre del fuego.

*Este poema hace parte de una colección de obras inéditas del autor y están registradas en la propiedad de derechos de autor según la ley vigente.

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