Fuera de la habitación oscura | Poema

Tienes la cara de un cuervo
Y en las noches,
rumias en mi espejo
Para saborear mi carne.

¡Qué desperdicio!

Me acerco al espejo
para servirte
un trozo de alborada.
Pero no esperas,
arrancas sin piedad
los ojos de la noche
y dejas al alba en suspenso.

No mi suspenso.
Sigo en el espejo.
Viendo
cómo tus alas
buscan los aires del averno;
Alguna borrasca infernal
en los cantos de Dante
o algún limbo en silencio.

No mi silencio.
Sigo en el espejo.
Caminando
por vos
los pasos de las calles,
rodeado de blasfemias
y de risas de pájaros
que comen la carne de los hombres
en suspenso,
en silencio.

Ven, regurgita
los huesos
que tragaste.
Devuelve a la noche
sus ojos de eclipse,
esas pupilas que me espían
en el descenso
de este infierno hermoso.

Llama a los otros carroñeros
con máscaras de hombres
Y come este pedazo de mi carne.
Déjame colgado en las agujas del reloj,
sin tiempo,
mientras veo a los muertos salir
de mi reflejo.

Fuera de la habitación oscura
otro espejo,
un cuervo ónice,
posado
en las sombras
de un puñal color de luna

*Este poema hace parte de una colección de obras inéditas del autor y están registradas en la propiedad de derechos de autor según la ley vigente.

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