La crónica latinoamericana, un género en evolución

Hablemos de Lacrónica, como prefiere llamarle el maestro Martín Caparrós a este género que día a día atrae más lectores a sus páginas. Esa prosa de apasionante lectura y mejor escrita en América Latina. Ese encuentro de historias y de vidas tan propias y tan ajenas.

Pero más que hacer una descripción de lo que es lacrónica, quiero centrarme en algunos cambios —evoluciones mejor— que ha tenido este género periodístico desde el famoso boom de la narrativa liderado por Vargas Llosa, García Márquez o Julio Cortazar.

Comencemos por los lectores

Desde el despertar del “nuevo periodismo” de Tom Wolfe, Gay Talese, Truman Capote en 1960, se decía que la novela norteamericana era la cúspide de todos los géneros narrativos.

Wolfe describe el fenómeno cultural que suscitó la novela en Estados Unidos en su libro ‘El nuevo periodismo’ (.pdf, el juego del reportaje, 817KB) al decir que:

La Novela no era una simple forma literaria. Era un fenómeno psicológico. Era una fiebre cerebral. Figuraba en el glosario de Introducción General al Psicoanálisis, por algún sitio entre Narcisismo y Obsesiones Neuróticas.”

La tendencia hacia 1940 y 1960 en el norte del continente americano era la lectura, crítica y discusión en torno a la novela y sus modos de significación. De ahí que escritores como Hemingway o Faulkner decidieran inmortalizarse en una época en la que leer novelas era la regla y no la excepción.

Al periodismo le correspondió una gran lucha por adentrarse en el mundo de los lectores ávidos. Los reportajes proveían historias de vida con un formato riguroso, saturado de datos estadísticos aquí y testimonios allá. Un formato estricto, a veces simplista.

HAROLD CORTES CRÓNICA
Foto tomada de: apartirdeunafrase.wordpress.com

La frustración para los escritores de periódicos era incalculable. De hecho, Tom Wolfe comenta en su libro que  muchos reporteros estaban tan fascinados con la idea de convertirse en novelistas (escritores de mundos imaginarios), que pronto el ideal se convirtió en:

“conseguir empleo en un periódico, permanecer íntegro, pagar el alquiler, conocer «el mundo», acumular «experiencia», tal vez pulir algo del amaneramiento de tu estilo… luego, en un momento, dejar el empleo sin vacilar, decir adiós al periodismo, mudarse a una cabaña en cualquier parte, trabajar día y noche durante seis meses, e iluminar el cielo con el triunfo final. El triunfo final se solía llamar La Novela.”

Los lectores preferían historias de ficción que les entretuvieran. Sin embargo, cuando Gay Talese realizó un reportaje con finas descripciones de contexto, en un formato narrativo más profundo centrado en los diálogos y en el pensamiento de los personajes del relato, el publico cambió su mirada.

Por un momento se pensó en la posibilidad de leer historias, en el formato y estilo narrativo de una novela, sin necesidad de aceptar el pacto entre novelista y escritor acerca de lo inverosímil de la obra. Era momento, según se ve reflejado en la historia, de dar paso a un género que combinaba muchos otros, y que estaba a punto de destronar a la novela.

El “boom” latinoamericano de lacrónica

Grandes escritores en América Latina, quizá inspirados por la pluma de los periodistas americanos, dieron luz a un boom de narrativa de obras de ficción que retrataban los enigmas del ser humano.

El periodismo no se quedó atrás. Lacrónica se elevó mediante el relato de historias tan reales como tu y como yo. Y otros escritores como Alberto Salcedo Ramos, Juan Villoro, Germán Castro Caicedo, Juan José Hoyos, Martín Caparrós, Lelila Guerreiro, etcétera, etcétera, tomaron protagonismo en una época en que las historias abundaban en el sur del continente americano.

Por supuesto no fue sencillo. Después de los maravillosos escritores de la década de los 70 y 80, se dieron intentos de fabricar un boom parecido, pero el intento no pasó de la etapa de plan de mercado al de autentico boom.

Comenta Darío Jaramillo Agudelo en ‘Antología de crónica latinoamericana del siglo ventiuno’:

“Acaso para que ese nuevo auge se produjera de nuevo, lo que se necesitaba era que no se pareciera en nada al fenómeno de hace cincuenta años: que cambiara el modelo de lector, que cambiara el arquetipo de la escritura y, por tanto, que las técnicas de los escritores fueran diferentes. Tal cosa parece estar ocurriendo con la crónica de nuestro continente.

Los cronistas latinoamericanos de hoy encontraron la manera de hacer arte sin necesidad de inventar nada, simplemente contando en primera persona las realidades en las que se sumergen sin la urgencia de producir noticias.”

Lacrónica que leemos actualmente ha evolucionado desde sus formas más primitivas de reportaje del “nuevo periodismo” citado anteriormente. Y ha cambiado porque somos seres cambiantes, diversos. Y dentro de esa evolución, como vemos, cambió:

  1. El modelo del lector: Ahora los lectores desean tener una aproximación más cercana con la historia. Sentirse parte de ella. Incluso participar del desarrollo de la historia. Dialogar con los personajes y transformarse a sí mismos mediante la lectura de experiencias ajenas.
  2. El arquetipo de escritura: La escritura de crónica ya no se centra básicamente en el mero hecho informativo, sino que penetra en la esfera de lo social y de la cultura, escudriñando los sentimientos de los actores de relato, cuestionándolos e indagando cómo responden éstos a las diversas vicisitudes de la vida.
  3. Escribir sin la urgencia de la noticia: Quizá la evolución más importante y más contradictoria sea que lacrónica actual ha escapado de aquella necesidad ineludible de escribir para la opinión pública. Y este ha sido el fracaso de la prensa convencional y el triunfo de las revistas que publican crónicas. Lo importante es contar dicha historia y hacer participe al lector mediante la sentencia de: “yo también lo viví, lo que cuento surgió mediante un proceso riguroso de reportería, de interacción con los protagonistas de la historia.”

Sin lugar a duda, muchos cambios más se avecinan para lacrónica latinoamericana. Pero en este tiempo no cabe duda que géneros como la novela, indiscutiblemente, han sido revaluados por una narrativa de no-ficción personal, íntima y sugerente.

Sino, pregúntele a Gay Talese y su libro El Motel Voyeur

HAROLD CORTES CRÓNICA
Foto tomada de: elcomercio.pe

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