Horacio y el árbol de Peningar | Cuento

Qué hacía Horacio observando la copa de ese árbol, aquella tarde, entre la multitud. Habían pasado varias horas y él seguía observando la cima, tan asombrado como temeroso. Los que pasaban por las calles pensaron que algo había ocurrido con el pequeño, y estaban en lo cierto. Para Horacio la tarde no lucía igual; ese día las blancas palomas olvidaron llegar a cantar entre las ramas del árbol.

Permaneció inmóvil, al punto de olvidar que en aquel lugar solo su sombra proyectada en el fragor de las calles le separaba de la muerte. Nada había en el camino más que aquél árbol, plantado a la brisa del olvido. Un hombre muy anciano se acercó, esquivando las carrosas que avanzaban como toros en la plaza, y tomó al pequeño del brazo. Horacio, sin percatarse del peligro, señaló la cima de aquel árbol. La multitud entonces se detuvo. Tres hombres se acercaron para socorrerlos, pero el niño sólo señalaba la copa de aquel árbol. Los caballos rechinaron tras el tirón de los jinetes que por poco estrellan con la multitud. La gente corrió tan pronto como el rumor se agitaba en sus oídos. El asombro enmudeció los labios. Nadie supo darle nombre a lo que veían, ni siquiera el sacerdote que hablaba de las cosas que Dios había creado, o el brujo que adivinaba en un cristal el futuro de las cosas.

El pánico se adueñó de todos, llegada la noche, cuando las mujeres rebasaron la plaza tras no hallar respuesta a la ausencia de sus esposos en las casas. Un asombro doble penetró el silencio: doble porque hacía siglos que el árbol estaba allí, inmarcesible, y porque además era el único en el pueblo.

«Debemos cortarlo», «es inútil». «Alguien debe subir para ver qué es», «imposible, es inmenso». «Pero, ¿de qué se trata?», «acaso, ¿nadie sabe qué es?».

«Yo lo sé», dijo Horacio.

«¿Y bien?»

Su voz se quebró de pronto:

«Es…»

«Poder», interrumpió uno, vestía luto riguroso. Su cara pálida no era conocida en el pueblo. Había aparecido como un espanto, junto con la luna, portando un sombrero de fieltro.

La gente se apartó de él y permaneció en secreto. Caminó hacia el tronco del árbol. Su aprensión le daba un aire de pausa a la noche. «Lo que hay en la cima es…», un trueno seco enmudeció sus últimas palabras. «¡Dinos qué es!» El hombre, tal vez sombra o quizá espectro, desapareció entre la niebla, y el viento susurró:

«El que coma de aquel fruto dominará a los hombres.»

Entonces, envuelto en un cascarillo de madera, un objeto brillante como plata cayó desde la cima. Horacio, temeroso, gritó: « ¡Le llaman dinero! ¡Es un árbol de dinero!»

La sangre se derramó en la plaza hasta la media noche. Horacio tuvo la certeza de que nunca más volvería a ver palomas blancas cantando entre las ramas de aquel árbol.


Conoce todo el proceso de creación literaria de Horacio y el Árbol de Peningar, así como de los inconvenientes que tuve a la hora de redactar esta historia.

*Este microcuento fue galardonado con el segundo puesto en el 2016 en el concurso literario ‘Escritores Autónomos XV’.  Además esta publicado en el libro ‘Palabras Autónomas 2012 – 2016’ de la editorial Universidad Autónoma de Occidente.

 

10 comentarios en “Horacio y el árbol de Peningar | Cuento

  1. Damaris Esther Palencia Garrido dice:

    En Horacio y el árbol de Peningar, es un simbolismo del cambio de los seres amados por lo material, donde intervienen fuerzas obscuras, que entran a dominar y hacen desaparecer a miembros de la familia, el entorno se vuelve triste por el desespero de encontrar a a los seres amados. Al final ,, de la copa del árbol cae la plata y quien posea sus frutos dominara.
    Esto muestra fácilmente como se pueden cambiar lo valores por lo que no es transcendental, entiendo que las fuerzas obscuras dominaron de alguna forma par que las relaciones se dañen con los que más se quieren.
    El cuento también permite entender que siempre existe el bien y el mal como al principio de l creación y el espanto que se menciona en esta historia es la representación del mal que existió desde el principio de la humanidad ” satanás” serpiente antigua..
    Pero también deja una enseñanza que transciende al individuo de repensarse frente a lo que son los valores y quienes son tan reelevantes en la vida de cada ser humano y así definirse por lo que es verdaderamente importante….

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    1. Harold Cortes dice:

      Excelente apreciación, y creo que se añade algo más a la reflexión, y es pensar en las ansias del poder como ese mal que deteriora a la sociedad. Muchas Gracias Damaris, son muy valiosos tus aportes para este blog.

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